Somos nuestras células y nuestros microorganismos

Somos nuestras células y nuestros microorganismos

Somos nuestras células y nuestros microorganismos

Nuestros microorganismos conviven con nosotros y son los responsables de multitud de aspectos relacionados con nuestra salud

Dentro del apasionante mundo de la salud humana existe un “micromundo” que merece especial atención y que está de actualidad debido a la multitud de descubrimientos científicos que se están publicando y que poseen informaciones clave en el proceso de entendimiento de la salud humana.

Este “micromundo” está formado por microorganismos que conviven con nosotros y que es el responsable de multitud de aspectos relacionados con el desarrollo de patologías e incluso con nuestro estado de ánimo. Todos sabemos de la existencia de estos microorganismos porque son los responsables de producirnos caries, mal olor corporal, olor de pies, etc., si no llevamos a cabo una higiene adecuada o, por poner otro ejemplo conocido, son los responsables de producir candidiasis vaginal si hay ciertos desajustes microbiológicos.

Estos microorganismos forman lo que se denomina la microbiota normal. Los tenemos en la piel, en las vías respiratorias superiores y el el sistema digestivo. Los microorganismos de nuestro sistema digestivo son conocidos como flora intestinal. La flora del intestino está formada por miles de especies de microorganismos; la mayoría de ellos son beneficiosos aunque también los hay perjudiciales. La cantidad de microorganismos saludables varía por causas como la dieta, el uso de antibióticos, etc.

El número de microorganismos que llegamos a tener en nuestro organismo en relación con el número de células es de 10:1, diez microorganismos por cada célula humana. Es decir, que nuestra comunidad microbiana sobrepasa nuestras células somáticas y germinales en gran medida.

Es decir, que convivimos con las bacterias en nuestro cuerpo y que somos más bacterias que células ya hace tiempo que no es un secreto para nosotros y, aunque la cantidad puede llegar a asustar a unos y a hacer que no asuman ciertas responsabilidades otros, lo cierto es que poseemos muchas bacterias en nuestro cuerpo jugando el papel central en todos los ámbitos de la biología humana, como se ha puesto de manifiesto en la últimas décadas, y variando constantemente en relación con las células humanas, por muchas causas incluyendo la edad, la dieta, la geografía, las enfermedades, los hábitos y desde luego, cada vez que visitamos el inodoro.

Los descubrimientos actuales nos revelan datos tan asombrosos sobre las bacterias intestinales como que “manipulan” nuestro cerebro, que previenen la obesidad, que pueden migrar a otras partes de cuerpo, que afectan al sistema inmune, y que afectan al riesgo de desarrollo de ciertas patologías como la diabetes...entre otras cosas.

Algunos de los descubrimientos científicos recientes sobre los que nos hemos referido anteriormente, nos revelan datos tan importantes como los que se citan a continuación.

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Estos microorganismos son muy sensibles a la alimentación y nuestra dieta influye directamente sobre su desarrollo. Un ejemplo es que la dieta Mediterránea (Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde el año 2010), influye positivamente en el crecimiento de bacterias intestinales que previenen la obesidad, según un estudio reciente publicado la revista Journal Nutrition Biochemistry llevado a cabo por investigadores españoles. De este modo, se reduce el riesgo de padecer enfermedades como la obesidad y sus consecuencias y/o problemas cardiovasculares, derivadas del desequilibrio de la composición microbiana causado, a su vez, por la dieta. Con la dieta mediterránea, los expertos han demostrado que la flora intestinal se mantiene inalterable durante dos años por lo que, indican, puede ser una vía para mejorar la obesidad y sus complicaciones. 

Según la revista New Scientist, existen unas bacterias de nuestro sistema digestivo que necesitan GABA para sobrevivir. El GABA (ácido γ-aminobutírico) es un neurotransmisor segregado por nuestro cerebro que inhibe las señales de las células nerviosas, lo que elimina la excitación y tiene un efecto calmante. Los bajos niveles de GABA en el cuerpo se asocian con trastornos de depresión y del estado de ánimo. Por lo tanto, la flora intestinal puede afectar el cerebro y el estado de ánimo de la persona. A partir de aquí se abren otras vías de estudio sobre la identificación de los microorganismos encargados de consumir (o quizá producir) GABA y sobre el desarrollo de antidepresivos.

La relación entre "cerebro-microbiota"  también se ha establecido mediante un novedoso término: la psicodisbiosis, y los psicobióticos, que se puede observar en el siguiente artículo (y que nos habla sobre el nuevo concepto de la psicodisbiosis):

Conferencia sobre psicodisbiosis y psicobióticos

Otro caso es el hallazgo, llevado a cabo por investigadores de Estados Unidos y publicado en la revistaNature Microbiology, de bacterias intestinales en pulmones de pacientes en estado crítico y animales. El microbioma intestinal (microbiota normal intestinal) está de alguna manera ligado a las posibilidades de una persona de sobrevivir una enfermedad crítica. Con este descubrimiento se llega pues al emocionante momento de poder plantearse nuevos estudios y nuevas soluciones en el desarrollo de la microbiota en la UCI.

Y, como último ejemplo de la importancia de la microbiota normal intestinal en nuestra salud, cabe citar el estudio que han llevado a cabo investigadores daneses (publicado en la revista Nature) en el que revelan que el desequilibrio de la microbiota normal intestinal aumenta el riesgo de diabetes. Según palabras de uno de los investigadores principales: “los desequilibrios específicos en la microbiota intestinal son factores esenciales que contribuyen a la resistencia a la insulina, un estado precursor de trastornos generalizados como la diabetes tipo 2, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares ateroscleróticas, que están en crecimiento epidémico”;  "Este estudio representa avances médicos y técnicos muy significativos, y es el primero en integrar datos de metabolómica, microbioma y clínicos en suero en un solo análisis. Es importante destacar que el análisis revela la importancia de las diferentes especies de bacterias en relación con la enfermedad y nos ha permitido identificar un microbio específico que produjo la resistencia a la insulina cuando se transfirió a los ratones”; “La mayoría de las personas con resistencia a la insulina no saben que la tienen. Sin embargo, se sabe que la mayoría de los individuos con sobrepeso y obesidad son resistentes a la insulina y también es conocido que los cambios en la dieta para comer menos calorías y el aumento de la ingesta diaria de cualquier tipo de verduras  y menos alimentos ricos en grasas animales tienden a normalizar los desequilibrios de la flora intestinal y, al mismo tiempo, mejorar la sensibilidad a la insulina del huésped".

Quizás deberíamos de empezar a reflexionar más sobre el mundo que nos rodea y nuestras conexiones con él, tanto sobre los organismos que vemos a simple vista como sobre los microscópicos, ya que, conviven con nosotros, muchos de ellos con un vínculo tan estrecho que llegan a formar parte de nuestro ser como es el caso de la microbiota normal y cuya comprensión nos abre las puertas oportunas para mejorar nuestra salud, tanto física como mental.

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