La práctica del Tai Chi

La práctica del Tai Chi

Premisas para la práctica del Tai Chi: sacudir suavemente y dejar que el cuerpo fluya. Imaginar una plomada que cae por el centro del cuerpo, muy cerca de la columna vertebral, las piernas deben estar separadas a la misma altura que los hombros, con las rodillas flexionadas y sintiendo el peso de los muslos. Parte del trabajo consiste en desarrollar la capacidad de los sentidos, es decir, la observación y el sentido interno de cómo nos movemos.

En la práctica del Tai Chi, se desarrollan las formas que se desplazan por el espacio y se complementan unas con otras. Se producen apoyos, descargas de peso, rotaciones, circularidades del paso, rotaciones del pie con el talón como eje. El movimento se va desplegando desde las articulaciones a medida que se desarrolla. Existe desprendimiento, vaciamineto de tensiones. Los músculos y articulaciones aflojan tensiones y se vacía la mente para disponer de ella en plenitud. La respiración es normal dando importancia a la exhalación y se permite que el aire ingrese y se proyecte a la base de la espalda. Hay una coordinación de manos y piernas. No se ejerce más fuerza de la que se necesita, no menos fuerza de la que hace falta. Lo ideal es proyectar la energía en el momento de los empujes de las formas. Las manos se desplazan a través del aire pero se aplica una cierta fuerza para realizar el desplazamiento y, a la vez, con suavidad y fluidez. La mano, primero concentra y luego se despliega y también realiza rotaciones. La manos se desplazan como si estuvieran sumergidas en un medio denso, por lo tanto al desplazarlas se debe ejercer una cierta presión. En las piernas se producen cambios de peso y rotaciones del pie. Mientras se combinan manos y piernas en el mismo movimiento, se producen cambios de peso durante el giro y la dirección de la mirada. La práctica del Tai Chi se debe de realizar de acuerdo a las posibilidades de cada uno.

La ejercitación de las articulaciones que resulta de la práctica del Tai Chi ayuda a desbloquear los meridianos de energía que recorren nuestro cuerpo, lo cual beneficia a la salud, tanto en la prevención como en el tratamiento de dolencias crónicas. Con la práctica, lograremos dirigir y utilizar la energía. Los viejos maestros decían la mente mueve la energía y la energía mueve al cuerpo.

El movimiento es muy lento, ya que al movernos de esa manera, tenemos la posibilidad y el tiempo para tomar conciencia de ese movimiento y de su relación con el medio que nos rodea. Ser tentativo y perceptivo, estar preparado para trasladar la base de apoyo en caso de que el suelo ceda, es como si camináramos por una capa de hielo delgada que está a punto de romperse, o bien sobre unas piedras que se mueven debajo cuando cruzo el cauce de un arroyo. Si algo cambia en mi punto de apoyo puedo cambiar de posición con facilidad. Se desarrolla el desplazamiento y se practica el equilibrio. Ser tentativo y perceptivo es uno de los objetivos del Tai Chi; moverse como un todo, uniendo lo interno con lo externo; lograr que nuestros movimientos sean naturales y fluidos; el movimiento no es algo externo, sino que depende también de una actitud interna, por eso primero concibo el movimiento y luego lo realizo.

Sin su práctica nos ponemos tensos y duros, lo cuál es perjudicial. Con su práctica, podemos imaginarnos que somos como aves saltando de rama en rama, nos movemos de un lado a otro, como si nos posáramos en una rama flexible que se inclina y balancea con nuestro peso. Tenemos la sensación de ser compactos, de hundir suavemente nuestro peso sobre la rama. Si la rama se expone al viento, será ella la que nos mueva. La sensación es la de entregarse de la misma forma que la rama se entrega al viento.

La manera de aprenderlo, es copiando los movimientos del maestro hasta que logremos incorporarlos. La forma 24 sintetiza todos los movimientos y posturas básicas del arte marcial.Lo que se aprende nos acompaña en cada una de las actividades que realizamos en nuestra vida cotidiana.

El Tai Chi es equilibrio, movimiento, balance y fluidez en este universo de constante cambio. Se inspira en el silencio y la armonía interior combinado con la relajación y la respiración. Es una herramienta para aprender a aceptar la realidad de lo incierto, la inseguridad y la incertidumbre están en todas partes, hay que adaptarse a ellas con fluidez de movimiento, aceptar el cambio del medio sin resistir, como en el surf uno acepta la ola o el equitación uno acepta la reacción del caballo. Antes de ser forma, es un principio; principio de unión del hombre con la naturaleza, de equilibrio del cuerpo y del espíritu, de alternancia natural de movimiento y serenidad. Es la práctica de esa unión. Nos enseña a movernos en el universo para poder estar en armonía.

En una serie de breves estrofas, Lao Tse esboza una representación del camino o del Tao, como él lo llama. La lectura del Tao Te Ching (de Lao Tse) es un ejercicio de poesía y , por lo tanto, es Tai Chi:

“Inclinarse, para permanecer entero.

Girar, para mantener el balance.

Vaciarse, para hacer espacio.

Tener poco y ser suficiente,

tener mucho y estar confundido.

Por lo tanto, el que sabe

abraza la unidad y es un ejemplo.

Brilla porque no se exhibe,

se lo respeta porque no se justifica,

no impone porque fluye,

no compite con nadie y, por lo tanto, nadie puede competir con él”.

Inclinarse para parecer entero ya no suena tan tópico. Mente y cuerpo son la unidad, forma y poesía son la práctica.

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